Te estuve esperando por tanto tiempo.
Refugiada en mi soledad.
En mis envenenadas apariencias de querer ser fuerte.
En mis transparentes y saladas lágrimas nacientes de mi propia hipocresía.
Pero llegaste vos. Tomaste lo poco que quedaba de mi y me transformaste.
Abatiste mi soledad.
Encontraste el antídoto de mis apariencias y yo encontré mi verdadera fuerza reflejada en tus ojos.
Me llevaste al medio de la tormenta para que la lluvia lavara mis lágrimas.
Me abriste los ojos.
Me hiciste mirarme en un espejo que reflejó mi alma, mi verdadera esencia y mi verdadero yo, sin complejo alguno.
Me mostraste el camino correcto, me ayudaste a encontrar mis sueños y a creer en ellos.
¿Cómo es posible dejar de amarte si todo lo que soy es fruto de tu amor?










